Foro automatización

FORO

Estados actuales de la automatización tecnológica

Puesta en línea de vídeos + foro de discusión cada lunes y jueves del 8 de junio al 9 de julio de 2020

en el sitio web de las ediciones Qual Quelle

I. Vídeos subidos./ II. Descripción./III. Programa

I. Vídeos subidos

·9 de julio <– ir al vídeo

Lina Marcela Gil (Universidad de Antioquia): Ética y transindividuación. La individuación y el cuidado del alma en J. Patočka y G. Simondon
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·6 de julio <–ir al vídeo

Claudio Celis (Universidad Academia Humanismo Cristiano): Trabajo, información, post-capitalismo. 7 tesis sobre el vínculo entre algoritmos, información y trabajo en el contexto de una sociedad post-capitalista

·2 de julio <–ir al vídeo

Andrés Maximiliano Tello (Universidad de Playa Ancha): Capitalismo arcóntico. Acumulación por desposesión masiva de datos y tecnologías algorítmicas de modulación social
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·29 de junio <– ir al vídeo

Flavia Costa (Universidad de Buenos Aires): La tecnificación de las formas de vida y la pandemia de coronavirus: un «accidente normal» del Tecnoceno
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·25 de junio <– ir al vídeo

Lucas Vilalta (Universidad de São Paulo): Una cartografía de la automatización de la información digital
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·22 de junio <– ir al vídeo

Zeto Bórquez (UCLouvain): Sobre la idea de una «mecánica viviente»
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·18 de junio <– ir al vídeo

Pablo Rodríguez (Universidad de Buenos Aires): Lo transindividual informacional: la asistencia automatizada desde G. Simondon
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·15 de junio <— ir al vídeo

Javier Blanco (Universidad Nacional de Córdoba): ¿Pueden nadar los submarinos? Reflexiones antipáticas sobre inteligencia artificial
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·11 de junio <— ir al vídeo

Alicia de Manuel (Universitat Autònoma de Barcelona)Objeto patológico/ objeto panóptico: Diseño para la transparencia y optimización en dispositivos wearable
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·8 de junio  <— ir al vídeo 

Diego Gómez (Humboldt-Universität zu Berlin): Cibernética del [inter]cambio / Cybersyn

 

II. Descripción del Foro.

Cuando hablamos de cambios tecnológicos la idea de una transformación no solamente de la “vida” sino de lo vivo en general parece acompañar diversos diagnósticos. En efecto, como ha sostenido por ejemplo Michel Serres, “al mismo tiempo que las técnicas mutan, el cuerpo se metamorfosea, cambian el nacimiento y la muerte, el sufrimiento y la sanación, los oficios, el espacio, el hábitat, el ser-en-el-mundo”[1].

Georges Canguilhem –y poco antes que él André Leroi-Gourhan– resultaron muy influyentes para perfilar este tipo de inquietud afirmando que el recurso a la tecnicidad entre los seres vivos (la herramienta que funciona como ampliación del gesto corporal ofrece al respecto un claro ejemplo) es lo que hace posible una prolongación de la vida por medios diferentes que ella misma[2]. No se trataba con esto de asimilar un nivel orgánico con un nivel artificial, técnico o incluso maquínico, sino de interrogar sus fronteras y tomar nota de que en la disolución del límite entre la invención tecnológica (herramienta, máquina, automatismo programable) y la vida orgánica (humana, animal, vegetal, microorganismos, bacterias) hay verdaderamente todo un camino por recorrer.

Una reflexión importante en este contexto se puede encontrar en Gilbert Simondon, quien reparaba en que el automatismo no es en ningún caso la forma más perfecta de la máquina. Es decir que si el perfeccionamiento de las máquinas ha de medirse por el grado de tecnicidad, este no se elevará a mayor crecimiento del automatismo, sino por el hecho de que son las “posibilidades de funcionamiento” de la máquina las que deben aumentar, vale decir implicar “un cierto margen de indeterminación” que le permita “ser sensible a una información exterior”[3].

Visto más generalmente, lo que allí se encuentra es una de las complejidades más notorias del concepto de información: si bien ella puede variar infinitamente, debe poseer también una regularidad y estar por encima de los cambios aleatorios[4], dando lugar a dispositivos de codificación y de sincronización.

Simondon se hacía eco de esto a comienzos de los años 1950, haciendo notar que el automatismo maquínico en tanto reproducción de gestos estereotipados no equivaldría a la auto-regulación informática[5], es decir, a aquel funcionamiento técnico susceptible de acoger una resistencia a la automatización total. Pero si acaso debemos aceptar que la tecnificación de la vida (en el sentido radical que vemos en Canguilhem o en afirmaciones como la de Serres) implica una producción de órganos artificiales que abarca también a los procesos cognitivos, no se debe excluir ni que ellos se socialicen ni que no arrastren una tensión entre dinámicas de automatización y de desautomatización a veces a escalas un tanto insospechadas. Es lo que precisamente ha sacado a la luz Bernard Stiegler, en el contexto de una economía hiper-industrial de las huellas (la “traceología computacional”)[6] que se explicitará con la digitalización generando verdaderos artefactos de sincronización cuyas capacidades de cálculo son de hecho amplificaciones protéticas de la vida, no obstante a un nivel en que esa sensibilidad a la indeterminación que otrora solicitara Simondon no siempre es claro dónde se podría encontrar, es decir, ya no solo respecto al acoplamiento entre una máquina y un organismo, sino precisamente allí donde una progresiva automatización se ha socializado.

Es significativo, por otra parte, que Stiegler lea este problema en términos de “entropía” y “neguentropía”, conceptos que enlazan a la termodinámica (principio de Carnot) con la teoría de la información: desde autores como Shannon, Brillouin o Schrödinger, la degradación irreversible de la información es puesta como equivalente a la degradación de la energía, dando entonces la “entropía” la medida del desorden de un sistema. Pero es por ello que se puede también hablar de entropía negativa o “neguentropía”, para designar lo que la ralentiza. En ese sentido, si para Stiegler lo que se consuma con la automatización algorítmica es un “sometimiento de los poderes de interpretación por los sistemas computacionales correlacionistas y probabilísticos que niegan por naturaleza lo improbable”[7], lo neguentrópico será sinónimo de des-automatización y de apertura a una indeterminación que no suponga un estado de ajuste definitivo –o su supuesta implementación– entre el sistema técnico y los sistemas sociales.

Ahora bien, entendiendo que ambas dimensiones no se excluyen (no se trata simplemente de una contraposición entre estabilidad e inestabilidad), la pregunta que queda y que no nos abandonará tal vez durante mucho tiempo es por sus modos de coexistencia.  Pues lo cierto es que la vida orgánica se despliega produciendo procesos entrópicos, pero no dejando tampoco de producir su bifurcación, tecnificando la vida en primer lugar, aunque, según una ley de aceleración del automatismo, no pudiendo dejar de contar con la disipación de una indeterminación, por así decir, anautomática. Todo ocurre como si los valores de entropía y neguentropía se intercambiasen como formando parte de una misma sustancia corruptible (lo que Stiegler ha señalado de hecho, siguiendo a J. Derrida, por medio de la idea de pharmakon), de manera que ahí pareciera seguir encontrándose la cuestión quizá más ardua de pensar. Edgar Morin lo exponía muy atinadamente en su libro El hombre y la muerte: “Mientras que la ‘solución’ simple de la máquina es retardar el curso fatal de la entropía por la alta fiabilidad de sus componentes, la ‘solución’ compleja de lo vivo es acentuar y amplificar el desorden para extraer de ahí el renovamiento de su orden”[8].

En este foro sobre los estados actuales de la automatización tecnológica intentamos delimitar algunas vías concretas donde ese esquema difícil podría reconocerse, así como también de recoger algunos que podrían serle solidarios.

[1] Michel Serres, Petite Poucette, Paris: Le pommier, 2012, p. 21.

[2] Georges Canguilhem, “Machine et organisme”, en La connaisance de la vie, Paris: Vrin, 1967, p. 115.

[3] Gilbert Simondon, Du mode d’existence des objets techniques, Paris: Aubier, 1989, p. 11.

[4] Ibíd., p. 134.

[5] Ibíd., pp. 124-125

[6] Cf., Bernard Stiegler, La société automatique, Paris: Fayard, 2015,  p. 50 y ss.

[7] Ibíd., p. 347.

[8] Edgar Morin, L’homme et la mort, Paris: Seuil, 2002, p. 16.

 

III. Programa.
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·8 de junio

Diego Gómez (Humboldt-Universität zu Berlin): Cibernética del [inter]cambio 

·11 de junio

Alicia de Manuel (Universitat Autònoma de Barcelona): Objeto patológico/ objeto panóptico: Diseño para la transparencia y optimización en dispositivos wearable

·15 de junio

Javier Blanco (Universidad Nacional de Córdoba): ¿Pueden nadar los submarinos? Reflexiones antipáticas sobre inteligencia artificial

·18 de junio

Pablo Rodríguez (Universidad de Buenos Aires): Lo transindividual informacional: la asistencia automatizada desde G. Simondon

·22 de junio

Zeto Bórquez (UCLouvain): Sobre la idea de una «mecánica viviente»

·25 de junio

Lucas Vilalta (Universidad de São Paulo): Una cartografía de la automatización de la información digital

·29 de junio

Flavia Costa (Universidad de Buenos Aires): La tecnificación de las formas de vida y la pandemia de coronavirus: un «accidente normal» del Tecnoceno

·2 de julio

Andrés Maximiliano Tello (Universidad de Playa Ancha): Capitalismo arcóntico. Acumulación por desposesión masiva de datos y tecnologías algorítmicas de modulación social

·6 de julio

Claudio Celis (Universidad Academia Humanismo Cristiano): Trabajo, información, post-capitalismo. 7 tesis sobre el vínculo entre algoritmos, información y trabajo en el contexto de una sociedad post-capitalista

·9 de julio

Lina Marcela Gil (Universidad de Antioquia): Ética y transindividuación. La individuación y el cuidado del alma en J. Patočka y G. Simondon

 

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